La tranquilidad acompañe al guerrero antes y después de la lucha

Publicado: 12 junio 2010 en El Hijo del Pueblo

Cuando era un niño quería ser soldado. Aun no termino de comprender como es que a muy temprana edad y sin entender muchas cosas sobre política, yo quería que me entrenaran para ser un soldado, defender a los míos y hacer grandioso a este país.

Las primeras imágenes de guerra que vi, me impactaron y sentí miedo de pensar estar en una zona de combate, llena de cuerpos ensangrentados y hombres peleando hasta matar a sus respectivos enemigos.

Sin embargo, a pesar de ese miedo que sentí, recuerdo no desistir de mis ideas de ser un soldado, sólo que algo había cambiado, ya no sabía a que bando pertenecer.

Esas primeras imágenes de guerra de las que tengo memoria fueron de la guerra civil en Liberia, seguidas de imágenes del EZLN tomando la cabecera municipal de San Cristobal de las Casas y de personas muertas en plazas, así como imágenes de la matanza de Acteal.

Mi conflicto interno era que si ellos estaban defendiendo su tierra, cultura y derechos, porqué el ejército mexicano los atacaba. Yo no podía asimilarlo.

Desde ese momento supe, que si bien debía entrenarme como guerrero, la lucha que libraría sería por la liberación mía y de los demás oprimidos por tiranos que siembran desigualdad, injusticia y degradación.

Ahora, muchas opiniones a favor y en contra existen en torno a la vía armada para una Revolución. Por lo menos en México están los reformistas, progresistas, idealistas, altermundistas, alienados, fascistas y conformistas, todos mezclados y de manera dispersa ubicados.

Con el tiempo, mientras me dedicaba a vivir y a descubrirme en la adolescencia, comencé a indagar en el imaginario de las personas sobre el “Hacer una Revolución”, conversando en situaciones cotidianas que nos llevaban al tema.

Una cosa que he confirmado durante años, es que todas las personas con las que he hablado del tema concuerdan en que es necesaria una revolución que transforme las condiciones de desigualdad, corrupción y miseria que son imperantes en el país y todas consideran también que es una cuestión de revolución de mentalidad.

Transformación de la mentalidad-organización social-acción social-proyecto histórico-lucha social-resistencia. Lo anterior es como una cadena que, a mi manera de ver las cosas, interpreto los procesos de cambio para la transformación de las condiciones sociales según me indican diferentes personas.

Estoy de acuerdo en lo que me dicen las personas, que la revolución debe llevarse a cabo a través de distintos proyectos: filosófico, educativo, científico, tecnológico y constitucional, por mencionar algo. Sin embargo, no dejo de lado que los únicos que se van a oponer son los que cuentan con los medios y están a la cabeza de los monopolios necesarios para imponer su orden y continuar dominando.

La Revolución que vislumbramos quienes ya tenemos el alma cansada de tanta injusticia, alimentando la opresión en el pecho de tanta rabia guardada, debe contener proyectos que generen condiciones de transformación y de cambio de mentalidades, pero debe estar acompañada de una estrategia para defenderse de los ataques de quienes colaboran con la tiranía de los explotadores y para contraatacar apropiándose de los medios necesarios para la lucha revolucionaria: prensas, difusoras, tierras y propiedades que los tiranos han acumulado despojando, infraestructura, alimentos que prefieren dejar pudrir en bodegas antes que regalarlos, y una larga lista puede continuar.

La lógica del sistema es violenta, pero creo que quienes no luchan por algo que comience en verdad a poner en riesgo los intereses del régimen de la burguesía, no han encarado la necesidad de la vía armada. Los poderosos están dispuestos a aplastar todo movimiento y proyecto social contrario a sus intereses. Lo hacen a través de corromper, asesinar y sembrar el terror ejemplificando el castigo a quienes tengan ideas de liberarse de su régimen. No dejarán que continúe la lucha, son capaces de matar y torturar a toda la familia de un guerrero para intentar relegarlo al olvido y al silencio.

El sistema es violento y se impone destruyendo la personalidad, la identidad, la memoria histórica, la cultura y todo aquello que se resista a adoptar la uniformización.

Después de todas estas palabras, sin llegar a nada concreto, sólo intento que quien lea esto reflexione la frase que dice “sin justicia no habrá paz”.

Propongo pues, iniciar con la paz interior y la conexión con el espíritu y la obra humana que perdura y permite sobrevivir y que la tranquilidad nos acompañe cuando estemos de cara con los enemigos de la Revolución y entonces la justicia sea restablecida. La nueva Revolución será espiritual y en todos los ámbitos se desarrollará.

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comentarios
  1. Juan de las Flechas dice:

    Vientos mi PABLO…………………….

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