¡CRISTIANISMO SÍ, COMUNISMO NO! ANTICOMUNISMO ECLESIÁSTICO EN MÉXICO

Publicado: 10 junio 2013 en Uncategorized
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María Martha Pacheco [ 1 ]


La Iglesia católica combatió de forma enérgica los movimientos socialista, comunista y nihilista considerando que se trataba de graves errores de la vida moderna. Así lo hicieron los papas Pío IX y León XIII, en el siglo XIX, y Pío XI en el XX. Este último definió la postura de la Iglesia sobre el comunismo ateo en su encíclica Diviniredemptoris del 19 de marzo de 1937.

Las condenas de la Santa Sede al comunismo fueron rescatadas por la jerarquía mexicana durante el cardenismo y al final de la década de los cincuenta y principio de la siguiente. La oposición de la Iglesia mexicana, a la doctrina y a los sistemas políticos que impulsaban al comunismo, fue adoptada también por los sectores más conservadores de las clases medias y altas del país.[ 2 ] Para estos sectores sociales el comunismo era un peligro para la educación de sus hijos, para sus inversiones, en suma, para sus privilegios.

De esa manera, la campaña anticomunista que inició a final de la década de los cincuenta y alcanzó su punto máximo al principio de la década siguiente tuvo una doble manifestación: la religiosa y la social.

El seguimiento de la campaña anticomunista en la ciudad de México es el objetivo de este trabajo. De manera especial se centrará la atención en el papel desempeñado por el Secretariado Social Mexicano (SSM) y las características que definieron el nacimiento de la Conferencia de Organizaciones Nacionales (CON) como una confederación de organismos católicos cuyo objetivo era crear un frente común para evitar la implantación del comunismo en México.

No se elude la ambigüedad propia del padre Pedro Velázquez, quién asesoraba a la CON y dirigía al SSM. Velázquez fue, sin duda, uno de los más activos defensores de la doctrina social católica y estaba convencido de la viabilidad de ese proyecto y toda su actividad estuvo encaminada a la implantación, dentro de sus posibilidades, de ese proyecto. Velázquez fue un convencido de que el comunismo no era la opción adecuada; sin embargo, su anticomunismo no fue visceral, como era lo común en la época, sino que propuso que se estudiara la propuesta comunista para poder entenderla, tomar lo bueno y condenar lo malo. A pesar de lo dicho, cuando fue necesario, generalmente por orden episcopal, tomó actitudes anticomunistas en la tónica de la campaña, demostrando así su institucionalidad. La postura asumida por Velázquez es significativa porque es un botón de muestra de la actitud que tomaron varios católicos que, al ser convocados por la jerarquía, actuaron como un solo hombre.

I

Desde el surgimiento del movimiento comunista, en el siglo XIX, la Iglesia católica lo condenó por considerar que la mayoría de sus principios era contraria e incluso contradictoria a la doctrina católica. Los aspectos del comunismo que aparentemente le preocupaban más a la Iglesia eran el materialismo, el ateísmo y la abolición de la propiedad privada. Tal vez fueron éstas las principales razones por las que puso todos los medios a su alcance para combatirlo.

Sobra decir que otro aspecto importante por el cual se preocupaba la Iglesia era el avance de la secularización y, por lo tanto, de la pérdida de su feligresía, a lo cual contribuía de forma importante el comunismo.

Las primeras condenas de la Iglesia al comunismo aparecieron bajo el pontificado de Pío IX (1846-1878), quien el 8 de diciembre de 1864 publicó el Syllabus, documento que reúne los principales errores doctrinales de la época. En realidad se trata de una recopilación de las publicaciones y alocuciones pontificias sobre esos asuntos. Respecto del comunismo se recogen cinco documentos,[ 3 ] además de la bula de presentación del Syllabus titulada Quanta cura, elaborados entre 1846 y 1863. El papa León XIII (1878-1903) ratificó la condena de Pío IX y definió su postura sobre el socialismo, el comunismo y el nihilismo en la encíclica Quod apostolici muneris del 28 de diciembre de 1878.

Frente al comunismo y al liberalismo, este último también considerado como un error, la Iglesia presentó una tercera opción: la doctrina social cristiana.[ 4 ] Esta doctrina social se estructuró durante el siglo XIX como reacción a diversas corrientes de pensamiento y fue básicamente una preocupación por la situación de las clases sociales más débiles partiendo de que “el catolicismo no se agotaba en una religión intimista, privada y pietista sino que tenía hondas consecuencias de orden social”. Por otra parte se preocupó tanto de la reflexión teórica como de la puesta en práctica de la misma. Se puede afirmar que esta doctrina social se estructuró como tal durante el pontificado de León XIII y más concretamente en su encíclica Rerum novarum,publicada el 15 de mayo de 1891.[ 5 ]

En el México de los años treinta la Iglesia y algunos sectores de la sociedad veían al comunismo como un peligro real ya que su instauración en el país no les parecía remota, principalmente durante el cardenismo.

En este contexto la jerarquía católica mexicana, ayudada por la Acción Católica, que es el apostolado seglar organizado, “con especial vinculación a la jerarquía”,[ 6 ] se dedicó a desprestigiar y combatir las ideas comunistas; alentada en 1937 por la publicación de la encíclica Divini redemptoris de Pío XI sobre el comunismo ateo. En este documento el pontífice asevera que “El comunismo es intrínsecamente perverso y no se puede admitir que colaboren con él en ningún terreno los que quieren salvar la civilización cristiana”.[ 7 ] Esta idea de la perversidad intrínseca del comunismo dio a los grupos sociales católicos y anticomunistas un arma importante de ataque durante estos años.

No obstante, cuando Manuel Ávila Camacho inició su periodo presidencial, en 1940, muchos miembros de los sectores más conservadores consideraron que la amenaza comunista ya no era tan grande y sus preocupaciones en ese sentido disminuyeron. Este cambio de actitud de los sectores arriba mencionados se dio porque el discurso y la política gubernamental fueron menos radicales a fin de propiciar una “unidad nacional”. Además la situación de preguerra y la beligerancia internacional durante la Segunda Guerra Mundial abrieron nuevas oportunidades de inversión y desarrollo para la iniciativa privada.

Por otra parte, según algunos autores,[ 8 ] la Iglesia en este periodo mejoró su situación frente al Estado, tuvo mayor libertad de acción y aumentó su injerencia en cuestiones como la educación privada.[ 9 ] A pesar de que las condiciones de actuación de la Iglesia mexicana mejoraron, su jerarquía no dejó de presionar para lograr un cambio en las leyes constitucionales que regulan su intervención en la vida pública.

Los bloques de naciones surgidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el socialista y el capitalista, se presentaron como antagónicos e irreconciliables hasta la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética. Algunos sectores sociales mexicanos consideraban que la presencia de ambas influencias era nociva para la sociedad: la del comunismo por su ateísmo y materialismo, principalmente, y la del capitalismo norteamericano por el hedonismo que atentaba contra el ambiente moral y porque estimulaba la expansión del protestantismo.

La jerarquía eclesiástica y las organizaciones católicas de laicos realizaron importantes esfuerzos para contrarrestar las manifestaciones negativas de las nuevas filosofías. Estos esfuerzos se concretaron en dos campañas, básicamente: una para la moralización del ambiente dirigida, en primera instancia, contra el hedonismo y la inmoralidad producto de la influencia norteamericana; la otra concentró su atención en prevenir la adopción del comunismo. En esta última campaña se centrará nuestro interés.

II

Al terminar la guerra, la jerarquía católica mexicana atacó de forma sistemática al Partido Comunista Mexicano,[ 10 ] a sus militantes y a los funcionarios estatales que, a su parecer, simpatizaban con la Unión Soviética o tenían ideas comunistas. En el centro de los ataques eclesiásticos estaban el líder sindical Vicente Lombardo Toledano, los líderes magisteriales Dionisio Encinas, Luis Chávez Orozco, Luis Álvarez Barret y Gaudencio Peraza, entre otros.[ 11 ] De forma simultánea, enarboló nuevamente su tradicional argumento de la identificación entre catolicismo y mexicanidad, considerando que la contribución de la Iglesia en la creación de la nacionalidad mexicana era fundamental además de estar esencialmente ligada a la historia nacional. De esa manera, lo que atacara al catolicismo, sin importar su procedencia, la Iglesia lo hacía aparecer como traición a la patria.

La postura de la Iglesia católica mexicana en contra del comunismo se vio alentada por el macartismo en los Estados Unidos, que tuvo lugar en los primeros años de la década de los cincuenta. El macartismo fue una persecución sin cuartel que se desató en aquel país contra los comunistas, reales o supuestos. El senador republicano Joseph McCarthy afirmó tener en su poder una lista de 205 nombres de comunistas infiltrados en el Departamento de Estado que trabajaban ahí con la anuencia del propio Departamento.[ 12 ] Las acusaciones que, en otro momento, podían parecer absurdas tuvieron respaldo popular al darse en el momento de la guerra de Corea, en la cual el enemigo a vencer era el comunismo. La fiebre anticomunista que desató McCarthy, plagada de calumnias y ataques infundados disminuyó gracias al fin de esa guerra, en 1953, y al desprestigio en el que cayó el senador republicano. La caída de McCarthy inició cuando el propio presidente Eisenhower encabezó la campaña en su contra orillando a los republicanos a elegir entre McCarthy y él. Por otra parte, el documental que sobre la actuación de McCarthy realizó la CBS y la transmisión televisiva de las audiencias en donde miembros del ejército se defendieron de los ataques del senador evidenciaron “el carácter grotesco de Joseph McCarthy”,[ 13 ]quien fue reprendido en el Senado por su conducta en 1954, dando fin a su carrera política.[ 14 ] Sin embargo, el anticomunismo estadounidense no terminó, simplemente cambió de táctica.[ 15 ]

En esos mismos años el anticomunismo de los episcopados latinoamericanos y del mexicano se basaba, principal aunque no exclusivamente, en la sospecha de que las condiciones socioeconómicas de los países de América Latina propiciaban las rebeliones de inspiración comunista, mismas que trastocarían el orden establecido “querido por la Providencia”. El triunfo de Fidel Castro en Cuba confirmaría poco tiempo después esas sospechas.

En México a fines de los cincuenta y principios de los sesenta había una gran agitación social; los conflictos con los campesinos, los maestros y los ferrocarrileros no se habían resuelto satisfactoriamente o no se habían resuelto en lo absoluto. En estas luchas sociales estuvieron presentes miembros del Partido Comunista Mexicano (PCM) y del Partido Obrero Campesino de México (POCM), entre ellos Demetrio Vallejo. Sin embargo, la mayoría de los trabajadores permanecía ajena a la filiación partidista a pesar de ser la de sus líderes,[ 16 ] lo que impedía que el comunismo se convirtiera en una fuerza importante.

Por otra parte, la sucesión presidencial de 1958 aplazó la posible solución a estos conflictos. El nuevo presidente Adolfo López Mateos heredó los conflictos que más tarde “resolvió” de forma poco favorable para los sectores involucrados. Estas dificultades, aunadas a una situación general poco alentadora,[ 17 ] hacían de México, a los ojos de la jerarquía católica y de los sectores sociales más conservadores, un terreno fértil para el comunismo.

En enero de 1959 concluyó la etapa armada de la Revolución Cubana y en noviembre de 1961 el gobierno cubano, encabezado por Fidel Castro, se declaró socialista. Con anterioridad, había establecido reformas económicas de corte comunista y tratos comerciales con la Unión Soviética.[ 18 ] El triunfo de una revolución socialista en América Latina abría la posibilidad de que este sistema se implantara en otras partes del continente, a pesar de la cercanía y la vigilancia ejercida por los Estados Unidos.

El temor a la expansión del sistema y la vinculación de la mayoría de los países del continente con Washington determinaron la aceptación de la posición estadounidense de aislamiento hacia Cuba. Fue excepcional la postura del gobierno mexicano que mantuvo neutralidad en el conflicto, argumentando que la tradicional política exterior de México era la no intervención y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Esta posición diplomática le trajo problemas con algunos sectores de la sociedad y con el gobierno de los Estados Unidos. Entre los sectores en desacuerdo con la posición del gobierno estaban algunos inversionistas privados,[ 19 ] quienes consideraban que la postura internacional sostenida por México no daba garantías suficientes para invertir en el país.

Por su parte, el gobierno de los Estados Unidos declaró que la ayuda proveniente de su Alianza para el Progreso “sólo se concedería a los países convencidos de la necesidad de luchar ‘contra la extensión del comunismo internacional’, y dispuestos a dar apoyo a la política de aislamiento del régimen cubano”.[ 20 ] La falta de inversiones privadas y de ayuda de Estados Unidos afectó la economía nacional. El gobierno mexicano tuvo que poner fin a esta situación y lo hizo de dos maneras. La primera de ellas fue la actuación de la delegación mexicana en la reunión de la OEA en Punta del Este, Uruguay, que tuvo lugar en agosto de 1961.[ 21 ] La delegación declaró que México no favorecía la política de aislamiento, no compartía la ideología de la Revolución Cubana y reafirmaba su simpatía por el sistema de la libre empresa.[ 22 ]Estas declaraciones lograron su objetivo, que era tranquilizar, en cierto modo, a los inversionistas nacionales e internacionales y hacer que México fuera sujeto de la ayuda proveniente de la Alianza para el Progreso.

La otra forma de hacer frente a la agitación social fue por medio del control de los grupos de izquierda: se reprimieron, a veces con violencia, manifestaciones pro cubanas; muchos miembros del PCM fueron encarcelados, y se confiscó todo tipo de propaganda “subversiva”. Las posibilidades de expresión de la izquierda se redujeron notablemente. Estas acciones gubernamentales para reprimir a la izquierda tuvieron como objetivo tranquilizar a la población con posiciones políticas conservadoras y no darle motivos para fomentar la movilización social que pudiera traer más problemas al país de los que ya había tenido cuando se contrajeron las inversiones privadas.[ 23 ]

La izquierda mexicana terminó la década de los cincuenta bastante desarticulada; los conflictos laborales de 1958 y 1959 fueron la causa del encarcelamiento de varios militantes de izquierda como Dionisio Encinas, Alberto Lumbreras, Miguel Aroche Parra, Valentín Campa y Demetrio Vallejo. Después del embate gubernamental, los miembros libres y activos del Partido Comunista, por ejemplo, se redujeron a doscientas personas.[ 24 ]

El giro de la Revolución Cubana hacia la izquierda dio un nuevo impulso a los movimientos estudiantiles. La Juventud Comunista resurgió en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Instituto Politécnico Nacional. Además se fundó en 1963, en Morelia, la Central Nacional de Estudiantes Democráticos, organismo del Partido Comunista del Estado de Michoacán. Poco a poco el activismo estudiantil fue tomando fuerza en la república hasta cristalizar en el conflicto social de 1968.[ 25 ]

La Revolución Cubana también alentó, en 1961, la formación del Movimiento de Liberación Nacional,[ 26 ] organismo que pretendió aglutinar a la izquierda pero cuyos esfuerzos fueron poco recompensados. En esta época se puede notar un intento de la izquierda por organizarse; sin embargo, su desarticulación era muy grande y no logró la unidad que le atribuían las fuerzas conservadoras. Logró cierta unificación durante el conflicto de 1968, pero de forma muy efímera.

Es necesario hacer un alto en este momento para recordar la situación de la Iglesia católica en México. Esa situación se generó a partir de los arreglos de paz que dieron fin a la guerra cristera en 1929, la forma en que se hicieron estos arreglos así como la inconformidad de muchos católicos combatientes por su realización ha sido analizada ya por varios autores, por lo que, a pesar de su importancia, no nos detendremos en ello.[ 27 ] Sobra decir que la Iglesia terminó el conflicto muy deteriorada, su unidad se vio lastimada y la sensación de que los jerarcas negociadores de la paz estaban alejados de su feligresía fue difícil de borrar. Los arreglos parecieron evidenciar que las elites, política y eclesiástica, actuaban al margen de sus representados. Por otra parte, la reestructuración de los movimientos laicos católicos más beligerantes, para ponerlos bajo estricto control de la jerarquía, hizo de la Iglesia una instancia con la que se facilitaban futuras negociaciones.[ 28 ] De esta manera se fue conformando la relación que establecerían la Iglesia y el Estado a lo largo de casi todo el siglo XX. Dado que el Estado no le reconocía personalidad jurídica a la Iglesia los tratos entre ambos fueron nicodémicos. La relación se establecía entre jerarcas católicos y autoridades políticas sin que salieran a la luz. En ocasiones, las relaciones fueron cordiales y en otras no tanto, pero ambas instancias procuraron respetar sus esferas de actuación. Generalmente la Iglesia no reprobaba las acciones gubernamentales públicamente o no expresaba su opinión de manera explícita, incluso en más de una ocasión los jerarcas católicos alababan la actuación gubernamental. Ejemplo de ello lo encontraremos más adelante en este trabajo.[ 29 ]

La campaña anticomunista nos permite ver un momento de tensión entre ambas instancias finalmente superado pero ilustrativo de esta relación.

III

La Iglesia católica lanzó una campaña anticomunista en la que tuvieron una actuación muy importante los movimientos laicos católicos. Esta campaña tuvo un éxito considerable: se organizaron concentraciones masivas de repudio al comunismo, en que los oradores se sucedían de forma ininterrumpida para hablar de los horrores de ese sistema; la leyenda “Cristianismo sí, comunismo no” inundaba las calles, las parroquias y las ventanas de casas y automóviles; se publicaron documentos al por mayor de repudio a la doctrina comunista.

Las publicaciones anticomunistas que vieron la luz en esos momentos no se generaron exclusivamente en el episcopado o fueron realizadas por sacerdotes. También los laicos publicaron escritos anticomunistas y utilizaron los órganos de difusión de sus asociaciones para propagarlos.

Un ejemplo de éstos se encuentra en el Boletín de la Junta Central de la Acción Católica Mexicana (ACM) que publicó un “Mensaje a los cristianos de México”, en el que se exhortaba a la familia cristiana a hacer oración para evitar el avance del comunismo además de pedir la realización de acciones concretas. Asentaba de forma tajante: “declaramos que sólo desaparecerá definitivamente el comunismo, cuando los cristianos obremos como tales en la cuestión social”.[ 30 ] Se afirmaba que la lucha era contra el materialismo, el comunismo y capitalismo, el egoísmo y la

antiglesia [ sic ] y a pesar de que las fuerzas anticristianas tratan de derivar el real problema hacia zonas confusas de discusión, excitamos nosotros ahora a todos los cristianos de México a concretar el problema en sus adecuados límites de cuya resolución depende nuestra posibilidad de supervivencia cristiana. [ 31 ]

Ante esto, continúa el mensaje, se deberían alentar todas las acciones encaminadas a lograr el triunfo de la Iglesia y condenar las que atentaban contra el cristianismo. Entre las acciones sugeridas por el Boletín de la ACM estaba el difundir el mensaje en forma oral o escrita y con todos los medios a su alcance, que se hablara de la cuestión con el mayor número posible de personas ya fuera personalmente o por teléfono y que se colocara propaganda anticomunista en lugares visibles, entre otras.

La Gaceta Oficial del Arzobispado empezó a poner especial atención en el tema a partir de 1960. La Conferencia Episcopal definió su postura en la materia por medio de su presidente el cardenal José Garibi Rivera, arzobispo de Guadalajara, quien escribió una “Exhortación de la Asamblea Episcopal al pueblo católico de México”, con motivo del inicio de año mariano. En ese documento se afirmaba que el país vivía un momento complicado por la creciente presencia del comunismo en la sociedad. Se aseguraba, además,

La propaganda presenta al comunismo como defensor de los débiles, vengador de las injusticias sociales, paladín de la libertad y factor indispensable para la prosperidad de los pueblos. Pero la realidad es otra. [Pretende] destruir toda religión y borrar del mundo hasta la idea de Dios. [ 32 ]

Estas afirmaciones nos permiten ver el miedo rayano en la paranoia que desató el comunismo en ciertos sectores eclesiásticos.

La Iglesia católica condenaba también los abusos del capitalismo pero concentraba su rechazo en el comunismo porque lo consideraba un sistema ateo que atacaba los valores cristianos.[ 33 ] En esta misma línea se hicieron y divulgaron folletos comoComunismo en México, en el que se afirmaba: “El comunismo no es algo nebuloso e intangible que apareció ha mucho tiempo en Rusia. El comunismo está aquí. Sus agentes viven en nuestras ciudades, tratan de pervertir a nuestros hijos, escriben los libros que ellos serán obligados a estudiar en sus escuelas”.[ 34 ]

El folleto incluía una relación de los miembros más importantes del Partido Comunista Mexicano y de simpatizantes de la URSS, una lista de la prensa comunista, de las editoriales, de las bibliotecas y de las instituciones con infiltración comunista, entre las que estaba, en primer lugar, la Universidad Nacional Autónoma de México, con su rector el doctor Ignacio Chávez.

Por su parte el sacerdote jesuita David Mayagoitia publicó, en 1951, un folleto titulado¡Definámonos! o católico o comunista. En 1961 el folleto llevaba nueve ediciones con un tiraje total de 360 000 ejemplares. El padre Mayagoitia hacía una condena sistemática del comunismo. En su opinión, el comunismo soviético era un peligro real para México: “La barbarie soviética que ha cubierto de sangre y de ruinas a pueblos enteros, tales como Polonia, Hungría y más recientemente Cuba, se ha lanzado al asalto de nuestra patria”.[ 35 ] Afirmaba además que los comunistas no se detenían ante nada para lograr el triunfo, que sus métodos incluían todo tipo de engaño y el ataque a la religión era parte principal de su estrategia.[ 36 ]

Mientras tanto la Gaceta Oficial del Arzobispado de México, en el número de mayo de 1961, publicó una carta dirigida a todos los sacerdotes y firmada por el padre Pedro Velázquez, director del Secretariado Social Mexicano (SSM). En esta carta, fechada el 22 de abril, el padre Velázquez daba cuenta de una reunión de directores nacionales de obras de inspiración cristiana en la que se habló sobre el comunismo y se llegó a dos conclusiones: la primera era iniciar una campaña de oración por Cuba y los países comunistas y la segunda “Lanzar por todo el país esta afirmación ‘¡ CRISTIANISMO SÍ, COMUNISMO NO !’ “[ 37 ] Esta afirmación, continuaba el padre Velázquez, era sencilla pero encerraba la postura de la Iglesia católica. Para difundir esa estrategia de actuación se pedía que al día siguiente los señores curas la dieran a conocer a sus feligreses durante las misas. A esta carta se le anexaba un esquema para ampliar la información; en este anexo se afirmaba que cerca de mil millones de personas vivían bajo regímenes comunistas y que el comunismo “No es una amenaza lejana, ya se siente victorioso en Cuba y operante en nuestro país, de una manera abierta y descarada”.[ 38 ] Concluía diciendo que la manera de contrarrestar al comunismo no era con el capitalismo sino por medio del estudio y la aplicación de la doctrina social cristiana. En los dos primeros años de la década de los sesenta el anticomunismo tuvo una fuerza y una coherencia que no se había visto antes. Esta campaña fue más virulenta en la ciudad de México.[ 39 ] Manifestaciones de esta virulencia fueron las concentraciones masivas de repudio al comunismo.

El 15 de mayo de 1961 en la Basílica de Guadalupe se llevó a cabo una concentración anticomunista que reunió a miembros de muchas organizaciones de laicos católicos. La “fervorosa multitud” se calculó en más de cincuenta mil personas.[ 40 ] El acto, organizado por el Secretariado Social Mexicano,[ 41 ] que tenía como objetivo celebrar el aniversario de las encíclicas Rerum novarum Quadragesimo anno, se convirtió en una manifestación de repudio al comunismo ” ‘Cristianismo sí, comunismo no’ fue el grito insistente del pueblo católico de México […], constituyó el más vigoroso rechazo a la perversa doctrina del comunismo ateo”.[ 42 ] El orador principal fue el padre Pedro Velázquez, quien afirmó que el comunismo “es el cáncer mayor que ha sufrido la humanidad en todos los tiempos, es la síntesis de las herejías”.[ 43 ] Por los campesinos habló Gumersindo Magaña y por los obreros Antonio Jardón; ambos dirigentes declararon que la mayoría de sus colegas eran católicos y que no les convencía el comunismo por ser una “doctrina del odio”, atea y mentirosa. En representación de los estudiantes habló Manuel Ignacio Ulloa; por la ACJM Miguel Ángel Portillo, y por el Movimiento Familiar Cristiano,[ 44 ] el licenciado Roberto Ibáñez: “El vocero del MFC afirmó que la tesis del comunismo es herética y bárbara, porque está inspirada por Satanás, que quiere aplastar la verdad fundamental de que el hombre está hecho para conocer, amar y servir a Dios”.[ 45 ]

El Movimiento Familiar Cristiano consideraba que el comunismo era un peligro para la familia, objeto de su apostolado. Opinaba que el comunismo desintegraba a la familia, terminaba con sus valores y la ponía al servicio del Estado. Durante la campaña anticomunista los boletines del MFC daban frecuentemente noticias sobre las actividades de los gobiernos comunistas, como en el número de junio de 1959 en el que se publicó una nota que describía cómo el gobierno de China había transformado a las poblaciones campesinas en conjuntos de edificios que “albergan por separado hombres, mujeres y niños, suprimiendo en la forma más absoluta, toda posibilidad de vida familiar”; los esposos se veían quincenalmente por media hora, y “los hijos que nacen son inmediatamente requisados por el Estado, que se encarga de educarlos […] sin ninguna relación con los padres que, por otra parte, nunca llegan a conocer”.[ 46 ]En esta misma línea durante el II Encuentro Nacional del MFC, que tuvo lugar en abril de 1961, una delegación diocesana se refería al comunismo como el “enemigo que campa en completo dominio a sólo 150 km de nuestro suelo, y que; [ sic ] como poseído endemoniado pervierte minuto a minuto a nuestros jóvenes”.[ 47 ]

Por su parte el arzobispo de México, Miguel Darío Miranda, exhortaba a sus fieles, por medio de una declaración a la prensa, a tomar frente al comunismo una “actitud cristiana que combata la injusticia social; que rechace el desconocimiento de la dignidad humana del trabajador; que propugne por que la educación de la niñez y la juventud sea cristiana”.[ 48 ] En esta misma declaración el arzobispo alababa la actitud del gobierno diciendo “Muy alentador por cierto y motivo de fundada esperanza es saber que la suprema autoridad civil de nuestra patria […] orienta clara y acertadamente a todos los mexicanos a conjurar el peligro [comunista]”,[ 49 ]invitándolos a mejorar las condiciones de vida de los mexicanos porque sólo así se podía evitar que se implantase el comunismo en México.

En esta campaña anticomunista nacional participaron personajes como Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca y presidente en ese momento de la Comisión Episcopal para la Educación y la Cultura, quien afirmaba que los padres debían de participar en las organizaciones de padres de familia para contrarrestar la acción comunista en las escuelas de sus hijos. También el obispo Samuel Ruiz advirtió a sus feligreses del peligro comunista. Se hace mención de estos dos obispos tanto por su evolución posterior como miembros destacados del clero progresista mexicano, después del Concilio Vaticano II y la CELAM de Medellín, como por su gran activismo en esta campaña.

También se destacó el activismo de los dirigentes de los movimientos católicos laicos, empezando por los líderes de las cuatro ramas de la Acción Católica Mexicana y de todas sus asociaciones filiales.

Otra expresión de este anticomunismo fue el conflicto que tuvo lugar en Puebla y cuyo principal campo de acción fue la Universidad Autónoma de Puebla (UAP). En abril de 1961 un grupo de estudiantes organizó una manifestación de repudio a la invasión de Bahía de Cochinos. Esta actitud en pro de Cuba hizo que los sectores conservadores de Puebla, entre los que estaban el Frente Universitario Anticomunista (fua) y parte de la jerarquía católica, calificaran a la UAP como un reducto comunista. La institución tenía que ser reformada, y, por ello, los anticomunistas pidieron la renuncia de los funcionarios pro comunistas y demandaron cambios en la Ley Orgánica de la Universidad. Fue ésta la oportunidad ideal para que la Iglesia poblana hiciera una serie de declaraciones y concentraciones masivas apoyada por el Comité Coordinador Permanente de la Iniciativa Privada, organismo creado a raíz del conflicto con el objetivo de representar a los padres de familia pertenecientes a los sectores bancario, empresarial y comercial de Puebla.[ 50 ] En el conflicto participó de forma muy activa el arzobispo poblano Octaviano Márquez y Toriz, quien publicó el 15 de mayo una pastoral para que fuera leída y explicada por partes en todas las misas que se oficiaran en su arquidiócesis durante los tres domingos siguientes a su recepción.[ 51 ] En este documento, el arzobispo condenaba de manera enérgica al comunismo y, entre otras cosas, decía que afectaba “todo el orden de nuestra civilización cristiana y mexicana y [los comunistas] lo amenazan de total destrucción”.[ 52 ] El problema de Puebla pudo ser mantenido por el gobierno federal dentro de los límites de la UAP, y hacia octubre de ese mismo año la prensa nacional dejó de informar sobre el asunto.

IV

En este ambiente de fiebre anticomunista de principios de la década de los sesenta un grupo de seglares, asesorados por el padre Pedro Velázquez, promovió la fundación de una confederación de organismos católicos que fuera independiente de la jerarquía, cuyo objetivo principal era formar un frente común católico para evitar la posible implantación del comunismo en México. Así se creó la Conferencia de Organizaciones Nacionales (CON).[ 53 ]

De acuerdo con sus estatutos, para que una organización pudiera formar parte de la CON tendría que estar constituida por seglares, tener carácter nacional y ser de inspiración católica.[ 54 ] Con esta amplitud de criterio la CON agrupó a asociaciones católicas que iban desde la Venerable Orden Tercera de San Francisco hasta el Club Dios y Montaña, pasando por el Movimiento Familiar Cristiano; en el año de 1962 la CON contaba con 46 asociaciones afiliadas y en 1968 ya eran 53.

Me parece interesante describir aquí de manera extensa el documento de la CON titulado Información básica, puesto que en él se encuentra la visión, compartida por muchos católicos, que este organismo tenía de las actividades comunistas en México así como la estrategia anticomunista que pretendía seguir.

La Información básica establece que el fin último de la CON era la “instauración del orden social cristiano en México” y sus fines inmediatos la “afirmación cristiana para impedir la implantación del Estado comunista en México” y la “transformación de las instituciones”. Estos fines implicaban necesariamente la “reforma del hombre”, para que fuera “un cristiano auténtico, consciente y organizado”.[ 55 ] En este orden de ideas, la CON utilizaba la doctrina social cristiana como un instrumento de ataque contra el comunismo.

El documento descrito afirmaba que la consecución de los objetivos arriba mencionados debería ser gradual primero en el interior de las organizaciones miembros y después en la sociedad entera. Para ello, la CON pretendía capacitar a sus miembros en el conocimiento de la doctrina social cristiana y alentarlos a participar en acciones anticomunistas; además estimulaba la integración de una comunidad orante y la difusión de la doctrina social católica por todos los medios a su alcance, y buscaba “dar a conocer la naturaleza real del comunismo”, fomentar que los católicos participen en alguna asociación laica de inspiración católica, que cumplan con sus deberes cívicos y “fortalecer por todos los medios, la Unión de Padres de Familia”,[ 56 ] principalmente.

Con la idea de “dar a conocer la naturaleza real del comunismo”, la CON incluyó, en la ya citada Información básica, un escrito para uso interno que se dividió en tres partes: la primera de ellas se titulaba “Síntesis de la penetración comunista en México, en la preparación del ambiente nacional y en la consolidación de posiciones estratégicas”.[ 57 ] La segunda se llamaba “Síntesis de la penetración comunista propia de los preparativos de un golpe próximo en México” y la tercera, sin título, hablaba sobre la actividad católica para contrarrestar las acciones comunistas. Esta última parte es propiamente la estrategia anticomunista a seguir por los miembros de la CON.

En la primera parte se afirmaba que los comunistas estaban presentes en todos los ámbitos del país. Se aseveraba que, en los medios de difusión, los comunistas contaban con 55 publicaciones periódicas con cierta influencia nacional, y que en la radio “destaca sobre todo la pérfida propaganda de Radio Universidad”,[ 58 ] también había una gran cantidad de libros, películas, folletos y “panfletos”.

Refiriéndose a los medios educativos, aseguraban que los comunistas estaban presentes en las escuelas normales; en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Enseñanza; en la Universidad Nacional, principalmente en las escuelas de Economía, Ciencias Políticas y Sociales y Filosofía y Letras; en el Instituto Politécnico Nacional; en el Instituto de Antropología e Historia [ sic ] y en posiciones clave de la Secretaría de Educación Pública, en donde “Avances como el texto único obligatorio les son propicios, si, como ocurre, ellos controlan su orientación”.[ 59 ]

En este orden de ideas la CON aseveraba que existía un número importante de artistas e intelectuales comunistas que hacían proselitismo en su favor. Aseguraba que en los institutos de Cardiología y Nutrición había muchos de ellos. Por otra parte en el ambiente “político” había varios personajes importantes que eran comunistas: “Lázaro Cárdenas ha quedado constituido como cabeza visible de la agitación comunista”.[ 60 ] Citaba además a Jacinto López, a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), a la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT), al Partido Popular Socialista (PPS) y al Partido Comunista Mexicano (PCM). Este último contaba con un “aparato secreto” para sus actividades propagandísticas. En la sección final de esta primera parte los integrantes de la CON afirmaban que los comunistas también estaban presentes en los ambientes económico y financiero, que estaban infiltrados en el Banco Nacional de Comercio Exterior; en empresas paraestatales, como DINA; en la Secretaría de Economía, y en el Banco de México, de manera que estaban dañando seriamente la economía nacional.

La segunda parte del escrito hablaba de la preparación de un golpe de Estado comunista en México. Los comunistas, al estar presentes en todos los sectores, como ya lo estableció la primera parte del escrito, podían organizar actividades encaminadas a un golpe de Estado tales como entrenamiento en las técnicas guerrilleras, organización de “brigadas de agitación social”, contrabando de armas, ideologización de los sectores populares, etcétera.

En esta misma segunda parte los anticomunistas aseveraban que, “Según previenen los planes comunistas, debe combatirse violentamente a la Iglesia católica, a su jerarquía y a sus instituciones “.[ 61 ] Era por eso que se había iniciado una campaña contra la Iglesia y sus instituciones, se había calumniado al clero, atacado a la ACM, al Movimiento Familiar Cristiano (MFC) y al SSM, entre otras asociaciones católicas. La propaganda cubana y china que había llegado a México era terriblemente dañina por su carácter anticlerical y anticatólico.

La tercera parte era una relación de la actividad católica que contrarrestaba la acción comunista. En ella se enumeraban las publicaciones católicas y la labor en los medios de comunicación, como el cine, la prensa, la radio y la propaganda a través de folletos, conferencias, círculos de estudio, etcétera. En cuanto a la educación escolarizada, la presencia católica era importante principalmente por medio de la Unión Nacional de Padres de Familia.[ 62 ] La educación en la familia estaba reforzada por la labor del Movimiento Familiar Cristiano. En la educación universitaria actuaban varias asociaciones católicas de estudiantes como el Movimiento Estudiantil, A. C., la Corporación de Estudiantes Mexicanos y la Unión Femenina de Estudiantes Católicas, entre otras.[ 63 ]

En general esta tercera parte era una enumeración de la actividad de las diferentes asociaciones católicas laicas o de inspiración cristiana entre las que se incluía al Partido Acción Nacional. Sin embargo, también era una exhortación a los católicos para que actuaran en los diferentes ámbitos de la vida nacional; así, por ejemplo, se pedía que se despertara la conciencia cívica de los mexicanos; que se apoyara económicamente a las obras de caridad de manera constante; que se establecieran nuevas fuentes de trabajo; que existiera solidaridad entre los mexicanos, en donde los más necesitados recibieran ayuda de los privilegiados económicamente, y que se actuara de manera conjunta para evitar la penetración del comunismo en México.

La actividad de la CON desplegada en la campaña anticomunista articulada por varios sectores de la sociedad fue muy intensa; de hecho, era lo que justificaba su razón de ser.

Para la CON, la actitud gubernamental de represión a la izquierda que se había desarrollado en esos años no era garantía suficiente de que el peligro comunista desapareciera o hubiera disminuido; su postura anticomunista estuvo presente en todas sus acciones.[ 64 ] Años más tarde la CON propuso nuevas alternativas de organización social superando su carácter exclusivamente anticomunista.

V

Dentro de este ambiente anticomunista el Secretariado Social Mexicano no tenía que ser la excepción. Sin embargo, la postura de Pedro Velázquez, y por ende la del SSM, no fue la de condenar exclusivamente al comunismo sino que proponía acciones que lo pudieran contrarrestar. Estas acciones estaban inspiradas, por supuesto, en la doctrina social cristiana, la que consideraba el camino más adecuado, de hecho, el único viable ante la situación de pobreza y atraso en la que vivía el país.

La posición de Pedro Velázquez fue de apertura frente al comunismo ya que lo estudió sin condenarlo de antemano, lo que no sucedía con otros miembros de la Iglesia mexicana que sí lo condenaban sin conocerlo. Frente a esta doctrina aceptaba sus aciertos, pero condenaba sus errores. Por otra parte el padre no estaba cerrado a nuevas propuestas, aunque siempre las analizaba a la luz de la doctrina social cristiana.

Pese a esa postura, el Secretariado Social Mexicano institucionalmente desarrolló una gran actividad anticomunista como la ya citada manifestación multitudinaria en la basílica de Guadalupe de la ciudad de México o la publicación de folletos, además de hacer hincapié en el peligro del comunismo en los cursos impartidos por el propio secretariado.[ 65 ]

De la actividad anticomunista de 1961 Contacto, órgano oficial del SSM, opina que: “Fue el año de 1961 un año de despertar de la conciencia cristiana del pueblo: en todas las latitudes el aguijón del comunismo puso en efervescencia nuestros medios. El progreso de las organizaciones católicas es testimonio de ello”.[ 66 ]

Pedro Velázquez opinaba que el comunismo era un peligro real para México, principalmente por las condiciones de pobreza y atraso en las que vivía una gran cantidad de mexicanos. En una de sus publicaciones, editada por el Secretariado Social Mexicano y que en ese año logró su segunda edición (Comunismo y catolicismo social), atacaba fuertemente al comunismo pero también afirmaba que achacarle al comunismo todos los males sociales era no buscarles una verdadera solución, lo que debería ser la principal preocupación de los católicos. Por otra parte aseveraba que “Los católicos deben de cuidar mucho que su actitud anticomunista no aparezca nunca como una oposición a la elevación de la clase trabajadora”.[ 67 ] El autor planteaba el catolicismo social como la alternativa católica frente a este peligro.

Velázquez escribió mucho en contra del comunismo en algunas ocasiones por encargo del episcopado[ 68 ] y en otras por cuenta propia. En un artículo titulado “Alejémonos de la confusión” afirmó: “Los momentos que vivimos son de fiebre. Una de esas fiebres malignas es el comunismo, que se pretende curar con otra fiebre: el anticomunismo”.[ 69 ] Para el autor, la fiebre del anticomunismo era una manera muy cómoda de obstaculizar los cambios que pudieran favorecer a quienes más los necesitaban, era una forma de mantener el orden establecido por miedo al comunismo: “Unirse para combatir es fácil […] lo difícil es unirse para edificar”.[ 70 ]En este orden de ideas, Velázquez aseveraba que los católicos son anticomunistas por definición, porque hay diferencias doctrinales de fondo, pero que se debería reconocer que el programa comunista daba esperanza al hombre, quien tiene justas aspiraciones a la verdadera libertad y a un mínimo de seguridad económica. Para el autor quedaba claro que mantener el orden establecido no era el camino para contrarrestar el comunismo sino que la opción era asumir una actitud cristiana: “el verdadero espíritu religioso es progresista, y si las circunstancias lo exigen, revolucionario […], cuando se trata de abolir las iniquidades sociales y de realizar las reformas requeridas por la evolución normal de la sociedad. Nadie podrá concluir que le hacemos el juego al comunismo”.[ 71 ]

Aceptando contrarrestar el comunismo, Pedro Velázquez propuso un plan de acción. Afirmaba que, para actuar contra el comunismo, era necesario primero conocer su situación real en cada parroquia y en cada diócesis, cómo se hacían presentes los comunistas en cada lugar específico y ver sus publicaciones. También había que identificar los métodos que utilizaban para hacer proselitismo. Pero el mejor ataque era demostrar que los católicos buscaban y querían un nuevo orden en la sociedad que era necesario dar a la caridad “su alcance social […] Es necesario evitar más que nunca las injusticias, las faltas de respeto a la dignidad del hombre”.[ 72 ] Se tenía que actuar en favor de ese cambio, pero la actuación debería ir respaldada por el conocimiento de la doctrina social cristiana.

De esta manera el director del SSM definía su postura: el comunismo era peligroso, pero lo era más un anticomunismo negativo que impedía trabajar por cambiar el orden establecido que tantas injusticias provocaba. El anticomunismo negativo hacía indolentes a las personas que se dedicaban exclusivamente a criticar sin actuar por el cambio. Para Velázquez, la mayoría de los católicos se encontraban en esa situación.

Es importante recordar que este sacerdote fue asesor de la CON y director del SSM durante los años de la campaña anticomunista. Como la postura de ambos organismos difería de manera sustancial, es conveniente reflexionar sobre el papel del padre Velázquez. Las diferencias que se observan pueden tener varias razones: su influencia en el SSM era mayor que la que ejercía en la CON; ser director del SSM no era lo mismo que ser asesor de la CON; en el SSM tenía subalternos, en la CON no; el papel del SSM era más clerical que el de la CON, que tenía un carácter netamente laico. Por otra parte en la CON su investidura sacerdotal lo limitaba para expresar libremente su postura, porque al ser un representante institucional debía asumir la postura oficial de la Iglesia. Mientras que en el SSM tenía mayor libertad de acción y de expresión. En general se observa que fue un hombre moderado que planteó su postura individual y careció de fuerza para incidir en las posturas institucionales que eran estimuladas por los responsables diocesanos.

La postura de Velázquez muestra que en la Iglesia de ese momento podían existir posiciones distintas frente a una misma situación, pero que, cuando era necesario “cerrar filas”, la Iglesia podía actuar como un solo hombre.

VI

El 12 de febrero de 1959, durante el gobierno de López Mateos y con Torres Bodet de nueva cuenta como secretario de Educación, se creó por decreto presidencial la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, dependiente de la Secretaría de Educación Pública, con la finalidad de proporcionar a los alumnos de primaria libros de texto sin costo, indispensables para su educación escolar. Los libros se distribuyeron al año escolar siguiente tanto en escuelas públicas como privadas con carácter obligatorio sin que fueran exclusivos. Frente a esto, la Unión Nacional de Padres de Familia inició una serie de artículos periodísticos atacando a los libros gratuitos y a las autoridades de la Secretaría de Educación, empezando por el ministro Torres Bodet.

La UNPF consideraba la obligatoriedad de los textos como una imposición “antipedagógica, antijurídica y antidemocrática”.[ 73 ] Por su parte, Torres Bodet afirmaba que

los profesores pueden recomendar -además de los libros gratuitos- otros, con el carácter de obras complementarias o de consulta. Pero semejante amplitud no podrá implicar el rechazo del libro gratuito, ya que las pruebas para los exámenes deben establecerse sobre bases generales y suponen el conocimiento de, por lo menos, un texto […]. Se ha dicho que la obligatoriedad de los textos gratuitos es ilegal. Sorprende que, durante años, el carácter obligatorio de los textos comerciales autorizados oficialmente no haya suscitado la misma crítica. [ 74 ]

En el contexto de la campaña anticomunista, la elaboración y la distribución de los libros de texto por parte del Estado fueron consideradas acciones de corte comunista. La intervención estatal en la educación y en los libros de texto ha sido motivo de varios estudios;[ 75 ] aquí nos centraremos en lo concerniente al anticomunismo.

La campaña contra el texto único, que formó parte de una “actitud anticomunista y antiautoritaria generalizada”,[ 76 ] fue alentada por la Iglesia y sus asociaciones filiales así como por el Partido Acción Nacional. La actitud de las clases medias católicas fue la de tratar de impedir mayor injerencia del Estado en la vida civil, y con mayor razón si se impedía el avance de las ideas comunistas por medio de la educación.[ 77 ]

Por otra parte, se decía que las autoridades encargadas de los textos gratuitos y de la implantación de los nuevos programas eran de clara tendencia comunista, lo que causó gran alarma a las escuelas privadas católicas y a las asociaciones eclesiásticas que tuvieron gran interés en acabar con esas reformas educativas alegando que estaban destinadas a terminar con la tradición mexicana al aceptar doctrinas que eran completamente ajenas a la cultura nacional. El MFC afirmaba categóricamente que los encargados del texto eran “marxistas leninistas, incompatibles con nuestra mexicanidad”[ 78 ] y que los textos eran tendenciosos, entre otras cosas porque no hacían ninguna referencia a los sentimientos religiosos de los mexicanos, lo que significaba, más que respeto por ellas, un ataque franco al ignorarlas por completo.[ 79] En cuanto a los programas, lo más importante

era la preocupación de que se les enseñara a los niños una moral y un sistema de valores diferentes a los de sus padres. Por ejemplo, el que el amor a Dios fuera reemplazado por el amor a la Patria y que el respeto por los propios padres cambiara por el respeto a funcionarios públicos. A pesar de que ésta era una interpretación exagerada fue utilizada varias veces por publicaciones y personas que se opusieron activamente a las reformas educativas. Esto indica, en parte, la preocupación de las personas involucradas. Una preocupación que estaba fundada en la realidad, como ellos la interpretaban, de que el gobierno mexicano amenazaba con reorientar la educación de sus hijos.[ 80 ]

Esto último parece ser una exageración; sin embargo, si se toma en cuenta el contexto en el que sucedió, que era, en palabras de Pedro Velázquez, de “fiebre anticomunista” se puede entender. Para los católicos de ese momento, como para otros sectores conservadores, la intervención estatal en cualquier esfera era sinónimo de comunismo y éste sería siempre perverso.

Respecto de la actitud general de los anticomunistas un participante en la campaña afirma: “se veía el gran complot comunista por todos lados, así se vio con el texto”. [ 81]

VII

La Iglesia católica en general, no sólo la mexicana, era anticomunista: la afirmación pontificia de la perversidad intrínseca del comunismo alentaba esa actitud. En cuanto a México, la campaña se dio en un contexto marcado por la especial relación Iglesia-Estado establecida en el país. Fue un momento en el que la Iglesia se alió a las elites económicas y sociales para contrarrestar una política que les era adversa a todas ellas. Un buen ejemplo de esa alianza fue el nacimiento de la CON. Fue también una conjunción de circunstancias nacionales, internacionales, económicas, sociales y eclesiásticas que favoreció una campaña anticomunista de esa envergadura.

La campaña anticomunista de principios de los sesenta fue una “de las más eficaces que se hayan desarrollado en el país. Hasta la región más apartada llegó con claridad el mensaje de la posible llegada del comunismo”.[ 82 ]

Esta campaña involucró de tal manera a los diferentes sectores eclesiásticos que se podría pensar que llegó a peligrar el modus vivendi porque el respeto a los ámbitos de influencia tanto de la Iglesia como del Estado podría haberse terminado; sin embargo, se logró superar la coyuntura. La ruptura del modus vivendi era algo que no les convenía a estas instancias, porque ninguna estaba dispuesta a perder lo ganado. Aunque esta situación de convivencia no era del completo agrado ni de la Iglesia ni del Estado habían aprendido a cohabitar de manera más o menos pacífica. En pocas ocasiones hubo enfrentamiento, la mayoría de las veces hubo acuerdo y apoyo.

Por otra parte esta campaña le fue de gran utilidad a la Iglesia porque demostró que su inserción en la sociedad era algo real y que los organismos que utilizó para hacerse presente, en este caso la CON y el SSM, fueron eficaces en su actuación conjunta.

Otra característica eclesiástica que se puso de manifiesto fue la heterogeneidad de sus miembros como en el caso del padre Velázquez quien, sin dejar de ser institucional, planteaba otra forma de contrarrestar la influencia comunista. Esta posibilidad de actuación diferente a la jerárquica que se plantearon los católicos, en ese momento, fue adquiriendo importancia conforme avanzó la década de los sesenta. La autonomía que consiguieron los laicos frente a la jerarquía fue evidente durante el conflicto de 1968 cuando la respuesta de varios grupos laicales fue diferente a la institucional y, por lo tanto, provocó escisiones importantes.

En este orden de ideas se puede afirmar que la imagen que dejó plasmada la Iglesia a la sociedad de los sesenta fue la de ser una institución con gran capacidad de convocatoria y no ser tan monolítica como se pensaba.

La Iglesia y el Estado en México han podido convivir gracias a que la primera apoya, en lo general, el proyecto estatal y el segundo no aplica las leyes anticlericales. Fue por esta dinámica que en cuanto a los libros de texto las escuelas particulares se reservaron el derecho de no distribuirlos entre sus alumnos y continuar usando los textos aprobados por ellas. Así se puede afirmar que la Iglesia y sus organismos filiales ganaron la batalla en un campo propio -las escuelas particulares- y perdieron en uno que era y es ajeno -las escuelas oficiales.

Por su parte, la izquierda mexicana en los momentos de la campaña anticomunista no tenía la articulación ni la membresía suficientes para lograr la implantación del comunismo en México, como se mencionó con anterioridad. Fue la Iglesia la que supuso que tenía las características necesarias para ser un “peligro” real para el país.

Finalmente, las relaciones entre la Iglesia y el Estado se mantuvieron estables pero la Iglesia demostró que podía defender sus espacios cuando fuera necesario y que lucharía por conseguir nuevos si así lo considerara pertinente.

[ 1 ] Agradezco a Marta Eugenia García Ugarte y a Valentina Torres Septién sus atinadas observaciones a este trabajo.

[ 2 ] Durante el sexenio de Adolfo López Mateos la derecha se estructuró en el Frente Cívico Mexicano de Afirmación Revolucionaria que reunió a empresarios de Monterrey, Puebla y la ciudad de México, a algunos grupos estudiantiles y eclesiásticos. A la cabeza de este grupo estaban los ex presidentes Miguel Alemán y Abelardo Rodríguez. Cfr. Bertha Lerner de Sheinbaum y Susana Ralsky de Cimet, El poder de los presidentes. Alcances y perspectivas (1910-1970), México, Instituto Mexicano de Estudios Políticos, 1976. Por otra parte se sumaron a la campaña el Partido Acción Nacional, la Unión Nacional Sinarquista, otras organizaciones de corta vida así como grupos de obreros y campesinos. Cfr. Soledad Loaeza, Clasesmedias y política en México, México, El Colegio de México, 1988.

[ 3 ] Los documentos son Qui pluribus (encíclica del 9 de diciembre de 1846), Quibus quantisque(alocución del 20 de abril de 1849), Nostis et nobiscum (encíclica del 8 de diciembre de 1849), Singulari quadam (alocución del 6 de diciembre de 1854) y Quanto conficiamur moerore (encíclica del 10 de agosto de 1863). Cfr. Enrique Denzinger, El magisterio de la Iglesia, Barcelona, Herder, 1963.

[ 4 ] Esta doctrina estuvo lejos de ser monolítica, ya que en su interior hubo varias corrientes. Una descripción y un análisis de las mismas se encuentran en Manuel Ceballos, El catolicismo social: un tercero en discordia. Rerum novarum, la “cuestión social” y la movilización de los católicos mexicanos (1891-1911), México, El Colegio de México, Centro de Estudios Históricos, 1991.

[ 5 ]Cfr. Manuel Ceballos y Miguel Romero, Cien años de presencia y ausencia social cristiana, 1891-1991, México, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, 1992, 347 p.; Enrique Denzinger, El magisterio de la Iglesia, Barcelona, Herder, 1963, y León XIII, Rerum novarum, Roma, 15 de mayo de 1891.

[ 6 ] La Acción Católica Mexicana se dividió en las siguientes ramas: Unión de Católicos Mexicanos (hombres adultos), Asociación Católica de la Juventud Mexicana (“jóvenes solteros”), Unión Femenina Católica Mexicana (mujeres adultas) y Juventud Católica Femenina Mexicana (“jóvenes solteras”). Acción Católica Mexicana, Estatuto General, 4 a. ed., México, 1990.

[ 7 ] Pío XI, Divini redemptoris. Carta encíclica sobre el comunismo ateo. 19 de marzo de 1937, 5 a. ed., México, Ediciones Paulinas, 1988, p. 36.

[ 8 Cfr., por ejemplo, Soledad Loaeza, “Notas para el estudio de la Iglesia en el México contemporáneo”, en Religión y política en México, Martín de la Rosa y Charles Reilly (coords.), México, Siglo XXI-Universidad de California, 1985, p. 42-58; “La rebelión de la Iglesia”, Nexos, año VIII, v. 7, n. 78, junio de 1984, p. 11-17; Martaelena Negrete, Relaciones entre la Iglesia y el Estado en México, 1930-1940, México, El Colegio de México-Universidad Iberoamericana, 1988, 347 p., y Pablo González Casanova, La democracia en México, 4 a. ed., México, Era, 1971, 333 p. (Serie Popular Era 4).

[ 9 ] Se puede citar el caso de la Unión Nacional de Padres de Familia, la cual presionó al Estado para que se reformara el artículo tercero constitucional garantizándole a los padres el derecho de educar a sus hijos. Fue ésta una acción directa contra la educación laica. Cfr. Valentina Torres Septién, La educación privada en México, 1903-1976, México, Universidad Iberoamericana-El Colegio de México, 1997, p. 164 y s.

[ 10 ] El Partido Comunista Mexicano se fundó en 1919 y a lo largo de su historia sufrió muchas divisiones y realizó varias expulsiones. No fue el único espacio de expresión de la izquierda mexicana; posteriormente, se fundaron el Partido Popular y el Partido Obrero Campesino de México. El partido inició la década de los cincuenta muy debilitado en parte por la larga serie de expulsiones que sufrió durante la década de los cuarenta además del hostigamiento estatal del que fue objeto. Cfr. Barry Carr,La izquierda mexicana a través del siglo XX, México, Era, 1996; Manuel Márquez Fuentes y Octavio Rodríguez Araujo, El Partido Comunista Mexicano, en el periodo de la Internacional Comunista: 1919-1943, 2 a. ed., México, El Caballito, 1973.

[ 11 Cfr. Eduardo Iglesias, SJ, “El peligro del comunismo”, en Christus, septiembre, 1944, citado por Roberto Blancarte, Historia de la Iglesia católica en México, México, El Colegio Mexiquense-Fondo de Cultura Económica, 1992, p. 103-104, y Comunismo en México, Círculo de Estudios Sociales Contemporáneos “Francisco Orozco y Jiménez”, [s. p. i.].

[ 12 ] McCarthy nunca dio a conocer esa lista de nombres, y dada la actuación calumniosa del senador es de presumirse que nunca existió. Cfr. Richard Gid Powers, Not without honor. The history of American anticommunism, New Haven-London, Yale University Press, 1998; Patricia de los Ríos, “La política interna”, en EUA: síntesis de su historia III, 10a. ed., México, Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora, 1991, v. 10, p. 392 y s.

[ 13 ] Patricia de los Ríos, “La política interna”, en EUA: síntesis de su historia III, 10a. ed., México, Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora, 1991, v. 10, p. 399.

[ 14 ] Willi Paul Adams, Los Estados Unidos de América, México, Siglo XXI, 1985 (Colección Historia Universal Siglo XXI, v. 30).

[ 15 ] Richard Gid Powers, Not without honor. The history of American anticommunism, New Haven-London, Yale University Press, 1998.

[ 16 ] Barry Carr, La izquierda mexicana a través del siglo XX, México, Era, 1996.

[ 17 ] Al finalizar el sexenio de Adolfo Ruiz Cortines la condición de los asalariados empeoró considerablemente: la recesión económica afectó a la industria, generando desempleo, y agudizó la crisis existente en el campo, dando como resultado masas de desocupados que emigraron tanto a las ciudades como a los Estados Unidos. A la situación nacional se sumó la crisis mundial de ese momento.Cfr. Ilan Semo, El ocaso de los mitos, 1958-1968, en colaboración con Dolores Groman y María Eugenia Romero, en México: un pueblo en la historia, Enrique Semo (coord.), México, Alianza Editorial Mexicana, 1990 (El Libro de Bolsillo), t. VI. Olga Pellicer de Brody y José Luis Reyna, El afianzamiento de la estabilidad política. Historia de la Revolución Mexicana, 1952-1960, México, El Colegio de México, 1978, t. 22.

[ 18 Cfr. Tulio Halperin Donghi, Historia contemporánea de América Latina, México, Alianza, 1989, 592 p.

[ 19 ] No se puede hablar de un solo bloque empresarial, el empresario nacionalista que tradicionalmente se agrupaba en la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación no se opuso abiertamente al gobierno al verse favorecido por algunas nacionalizaciones, lo mismo sucede con la elite financiera que “en virtud de la reducción del crédito externo, obtiene mejores condiciones en el crédito que proporciona al gobierno”. (Bertha Lerner de Sheinbaum y Susana Ralsky de Cimet, El poder de los presidentes. Alcances y perspectivas (1910-1970), México, Instituto Mexicano de Estudios Políticos, 1976, p. 350). Sin embargo, los comerciantes de ideología conservadora serán más beligerantes durante todo el sexenio.

[ 20 ] Olga Pellicer de Brody, México y la Revolución Cubana, México, El Colegio de México-Centro de Estudios Internacionales, 1972, p. 65.

[ 21 ] Lilia Bermúdez, “La política exterior de Estados Unidos entre 1960 y 1980”, en EUA: Síntesis de su historia, México, Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora, 1998.

[ 22 ] El secretario de Relaciones Exteriores en ese entonces era Manuel Tello.

[ 23 ] Soledad Loaeza, Clasesmedias y política en México, México, El Colegio de México, 1988; Olga Pellicer de Brody, México y la Revolución Cubana, México, El Colegio de México-Centro de Estudios Internacionales, 1972.

[ 24 ] Barry Carr, La izquierda mexicana a través del siglo XX, México, Era, 1996.

[ 25 ] Barry Carr, La izquierda mexicana a través del siglo XX, México, Era, 1996.

[ 26 ] En el Movimiento de Liberación Nacional se aglutinaban los grupos de izquierda, algunas fracciones de la burguesía, como estudiantes e intelectuales, y algunos gremios de trabajadores como maestros y ferrocarrileros. Al frente de este movimiento estaba Lázaro Cárdenas. Cfr. Bertha Lerner de Sheinbaum y Susana Ralsky de Cimet, El poder de los presidentes. Alcances y perspectivas (1910-1970), México, Instituto Mexicano de Estudios Políticos, 1976.

[ 27 ] Se pueden consultar, por ejemplo, las obras ya clásicas de Jean Meyer, La Cristiada, México, SigloXXI, 1973; la de Alicia Olivera, Aspectos del conflicto religioso de 1926 a 1929: sus antecedentes y consecuencias, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1966.

[ 28 ] El hecho de neutralizar a los católicos que podían representar un peligro para la pactada paz le dio a la Iglesia una carta de negociación con el Estado, el cual ya había experimentado lo que era tener a sectores católicos levantados en armas.

[ 29 ] Un ejemplo está en la nota 46 del presente trabajo.

[ 30 ] “Mensaje a los cristianos de México, 21 de abril de 1961”, ACM. Boletín de la Junta Central, México, Acción Católica Mexicana, v. 25, n. 1-2 de mayo-junio de 1961.

[ 31 ] “Mensaje a los cristianos de México, 21 abril de 1961”, ACM. Boletín de la Junta Central, México, Acción Católica Mexicana, v. 25, n. 1-2 de mayo-junio de 1961.

[ 32 ] “Exhortación de la Asamblea Episcopal al pueblo católico de México” firmada por el cardenal José Garibi Rivera, presidente de la Conferencia Episcopal, Gaceta Oficial del Arzobispado de México, 8a. época, t. 18, n. 6, noviembre de 1960, p. 50-51.

[ 33 ] “Exhortación de la Asamblea Episcopal al pueblo católico de México” firmada por el cardenal José Garibi Rivera, presidente de la Conferencia Episcopal, Gaceta Oficial del Arzobispado de México, 8a. época, t. 18, n. 6, noviembre de 1960, p. 50-51.

[ 34 Comunismo en México, Círculo de Estudios Sociales Contemporáneos “Francisco Orozco y Jiménez”, [s. p. i.], p. 1.

[ 35 ] David Mayagoitia, SJ, ¡Definámonos! o católico o comunista, 9a. ed., México, Corporación, 1961, p. 5.

[ 36 ] En esta misma tónica encontramos otras publicaciones tales como ¡Comunismo! Carta abierta al pueblo de México de Luis Munive y Escobar, obispo de Tlaxcala (1961); R. Lombardi, La barbarie comunista avanza sobre México. La tercera fuerza, única salvación. Conferencia sustentada el 12 de octubre de 1960 en México y publicada como folleto ese mismo año; Comunismo, carta pastoral del arzobispo de Puebla Octaviano Márquez, 15 de mayo de 1961, y El comunismo contra la juventud de Jorge Méndez, Ediciones Occidentales.

[ 37 Gaceta Oficial del Arzobispado de México, 8a. época, t. 19, n. 5, mayo de 1961, p. 30. (Mayúsculas en el original.)

[ 38 Gaceta Oficial del Arzobispado de México, 8a. época, t. 19, n. 5, mayo de 1961, p. 31.

[ 39 ] Soledad Loaeza, Clasesmedias y política en México, México, El Colegio de México, 1988, p. 281.

[ 40 ] ACM. Boletín de la Junta Central, México, Acción Católica Mexicana, v. 25, n. 1-2, mayo-junio de 1961, p. 28.

[ 41 ] El SSM fue un organismo episcopal católico fundado en 1920 con el fin de dedicarse a la propagación y estudio de la doctrina social católica y a la coordinación de todas las obras eclesiales de carácter social que se llevaran a cabo.

[ 42 ACM. Boletín de la Junta Central, México, Acción Católica Mexicana, v. 25, n. 1-2, mayo-junio de 1961, p. 28.

[ 43 ACM. Boletín de la Junta Central, México, Acción Católica Mexicana, v. 25, n. 1-2, mayo-junio de 1961, p. 28.

[ 44 ] El Movimiento Familiar Cristiano (en adelante MFC) se fundó en México, proveniente de Uruguay, en 1958. Su objetivo era la formación católica de sus miembros. Se instaló fundamentalmente en las clases medias urbanas. Al finalizar la década de los sesenta se distanció de la jerarquía católica y el perfil de sus miembros cambió.

[ 45 ACM. Boletín de la Junta Central, México, Acción Católica Mexicana, v. 25, n. 1-2, mayo-junio de 1961, p. 31.

[ 46 Boletín, México, Movimiento Familiar Cristiano, n. 13, 12 de junio de 1959, p. 11.

[ 47 ] Movimiento Familiar Cristiano, Segundo Encuentro Nacional del MFC. “Espiritualidad conyugal”,Guadalajara (Jalisco), 28 de abril-1 de mayo de 1961. Conferencia: “Fundamentación patrística y magisterial de la espiritualidad conyugal”, Delegación arquidiocesana de México. (Versión mecanografiada.)

[ 48 Gaceta Oficial del Arzobispado de México, época 8a., t. 19, n. 7, julio de 1961, p. 31.

[ 49 Gaceta Oficial del Arzobispado de México, época 8a., t. 19, n. 7, julio de 1961, p. 32.

[ 50 ] Soledad Loaeza, Clasesmedias y política en México, México, El Colegio de México, 1988, p. 327.

[ 51 Gaceta Oficial del Arzobispado de México, 8a. época, t. 19, n. 7, julio de 1961, p. 46 a 53.

[ 52 Gaceta Oficial del Arzobispado de México, 8a. época, t. 19, n. 7, julio de 1961, p. 46.

[ 53 ] María Martha Pacheco entrevista al ingeniero Andrés Latapí, ciudad de México, 16 de julio de 1993.

[ 54 ] Conferencia de Organizaciones Nacionales, Bases de la Conferencia de Organizaciones Nacionales,México D. F., 3 de marzo de 1967.

[ 55 ] Conferencia de Organizaciones Nacionales, Información básica. Bases, programa, aspectos predominantes. Boletín de información, México, 1961.

[ 56 ] Conferencia de Organizaciones Nacionales, Información básica. Bases, programa, aspectos predominantes. Boletín de información, México, 1961. Esto debido al peligro que veían en el libro de texto como un instrumento de penetración comunista.

[ 57 ] La Conferencia de Organizaciones Nacionales no dice quién es el autor de este escrito pero laGaceta Oficial del Arzobispado de México, en su 8a. época, t. 19, n. 8 de agosto de 1961, publica este documento afirmando que es el resultado de los estudios realizados por el Instituto Mexicano de Información reproducidos en el boletín de ese Instituto.

[ 58 ] Conferencia de Organizaciones Nacionales, Información básica. Bases, programa, aspectos predominantes. Boletín de información, México, 1961.

[ 59 ] Conferencia de Organizaciones Nacionales, Información básica. Bases, programa, aspectos predominantes. Boletín de información, México, 1961 (subrayado en el original).

[ 60 ] Conferencia de Organizaciones Nacionales, Información básica. Bases, programa, aspectos predominantes. Boletín de información, México, 1961.

[ 61 ] Conferencia de Organizaciones Nacionales, Información básica. Bases, programa, aspectos predominantes. Boletín de información, México, 1961 (subrayado en el original).

[ 62 ] La Unión Nacional de Padres de Familia se fundó en 1917 como una reacción a la intención estatal de prohibir la educación confesional. Ha estado íntimamente ligada con la jerarquía. Su bandera ha sido desde entonces la libertad de enseñanza como la libertad de la Iglesia para intervenir en la educación.

[ 63 ] Estas uniones católicas de estudiantes tuvieron cierta importancia en la ciudad de México y en algunas otras de provincia; sin embargo, no fue de consideración. Todas ellas estaban muy ligadas a la jerarquía.

[ 64 ] María Martha Pacheco entrevista al ingeniero Andrés Latapí, ciudad de México, 16 julio de 1993.

[ 65 ] El SSM impartía cursos de capacitación a diferentes organismos laicos católicos, y en muchas ocasiones era el puente entre el episcopado y estos organismos. Entre estos organismos estaban la Unión Social de Empresarios Mexicanos y la Juventud Obrera Católica, entre otros.

[ 66 ] “Síntesis de la vida de México en 1961”, Contacto. Criterio de pastoral social. Boletín del SSM, n. 1, febrero de 1962, p. 7.

[ 67 ] Pedro Velázquez, Comunismo y catolicismo social, 2a. ed., México, Secretariado Social Mexicano, 1961, p. 49.

[ 68 ] El cardenal José Garibi Rivera, presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana, encargó a Pedro Velázquez la elaboración de un folleto sobre el comunismo con el objetivo de “dar al pueblo un instructivo amplio sobre el peligro comunista y la manera de precaverse de sus insidias”. “Carta del Cardenal José Garibi Rivera a Pedro Velázquez: 27 de enero de 1961”, Archivo del SSM, Carpeta Episcopado IV.

[ 69 ] Pedro Velázquez, “Alejémonos de la confusión”, Contacto, n. 5-6, 2a. época, mayo-junio de 1963, p. 20.

[ 70 ] Pedro Velázquez, “Alejémonos de la confusión”, Contacto, n. 5-6, 2a. época, mayo-junio de 1963, p. 20.

[ 71 ] Pedro Velázquez, “Alejémonos de la confusión”, Contacto, n. 5-6, 2a. época, mayo-junio de 1963, p. 21.

[ 72 ] Pedro Velázquez, “Actitud pastoral frente al comunismo”, Contacto, n. 5-6, 3a. época, mayo-junio de 1964, p. 58.

[ 73 ] Ramón Sánchez Medal, En defensa del derecho de los padres de familia, México, Jus, 1964, p. 89.

[ 74 ] Jaime Torres Bodet, artículo publicado en Excélsior, el 10 de febrero de 1962, en Ramón Sánchez Medal, En defensa del derecho de los padres de familia, México, Jus, 1964, p. 89.

[ 75 ] Guillermo Villaseñor, Estado e Iglesia: el caso de la educación, México, Edicol, 1978; Soledad Loaeza, Clases medias y política en México. La querella escolar, 1959-1963, México, El Colegio de México, Centro de Estudios Internacionales, México, 1988; John A. Dobson, The “texto único y gratuito”: a Mexican case study describing the role of education in social change, tesis doctoral, Michigan State University, College of Education, 1967; Lorenza Villa Lever de Alba, Los libros de texto gratuitos,Guadalajara (Jalisco), Universidad de Guadalajara, 1988; Valentina Torres Septién, La educación privada en México, 1903-1976, México, Universidad Iberoamericana-El Colegio de México, 1997.

[ 76 ] Soledad Loaeza, Clasesmedias y política en México, México, El Colegio de México, 1988.

[ 77 ] Soledad Loaeza, Clasesmedias y política en México, México, El Colegio de México, 1988.

[ 78 ] Movimiento Familiar Cristiana, El MFC ante el problema de los textos escolares. Síntesis de la junta general en México, D. F. el 28 de febrero de 1962 (versión mecanografiada).

[ 79 ] Movimiento Familiar Cristiano, III Encuentro Nacional “Hogar, Escuela, Ambiente”, Jalapa, Veracruz, 28 junio-1 julio de 1962, “Síntesis de las conclusiones”.

[ 80 ] John A. Dobson, The “texto único y gratuito”: a Mexican case study describing the role of education in social change, tesis doctoral, Michigan State University, College of Education, 1967, p. 294 y 295.

[ 81 ] Entrevista a Manuel Rodríguez, presidente del Movimiento Familiar Cristiano en la ciudad de México (1961-1964), realizada el 13 de agosto de 1991.

[ 82 ] Manuel Canto y Javier Rojas, “Iglesia y derecha en México”, El Cotidiano, Universidad Autónoma Metropolitana, Azcapotzalco, 24, julio-agosto de 1988.

Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Martha Beatriz Loyo (editora), México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 24, 2002, p. 143-170.

DR © 2006. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas.

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comentarios
  1. anonimo dice:

    pregunta.-cuando van a hacerse sus sueños realidad?.-
    respuesta.-cuando ellos mismos, fabriquen sus propias riquezas,
    y se dejen de pedir robado,
    y se dejen de ser hipocritas, y traicioneros, con ellos mismos, son hipocritas, porque les gustan las riquezas ajenas; y son traicioneros, porque quieren traicionar y asesinar, a sus mismos compañeros del comunismo

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